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"A formar vigilantes...
de la libertad"
A diez
años, las lecciones del caso de las carpetas
Entrevista con Migdalia
Fraticelli Torres
Realizada por Mary González Nieves
Diálogo, octubre de 1997
Cuando hace diez años se descubrió que efectivamente
la Policía y el Negociado de Investigaciones Especiales del Departamento
de justicia mantenían por décadas una persecución sistemática en contra
de los independentistas, la sociedad puertorriqueña reaccionó con una
mezcla de sentimientos que fluían entre la indignación y la perplejidad.
De aquel proceso se recordará el papel destacado que
jugó el "fiscal del pueblo" y ex legislador independentista,
David Noriega. Otras mochas personas fueron piezas clave en la tarea de
desarticular el aparato represivo de las "carpetas". Una de
ellas es la licenciada Migdalia Fraticelli Torres, quien fue responsable
de devolver los documentos a miles de personas afectadas.
Para Fraticelli, ex Directora Ejecutiva del Centro
pares la Disposición de Documentos Confidenciales en Poder de la Policía
y el Departamento de Justicia, la asignación fue "muy dolorosa".
En el Centro de Entrega de Documentos se lloró mucho
de indignación, de tristeza, pero también de alegría porque "ayudamos
a crecer al país", sostuvo.
A pesar del civismo demostrado por la sociedad, Fraticelli
recalcó que todos los ciudadanos tienen la obligación de mantenerse en
"alerta" para que este tipo de suceso jamás vuelva a ocurrir.
Para ella, la clave está en que cada ciudadano se convierta en "vigilante
de la libertad".
Fraticelli quien boy se desempeña como profesora de
Derecho en la Universidad Interamericana, hizo un especial llamado a los
empleados públicos pares que no tengan miedo de denunciar si su agencia
está utilizando información pares hacer daño a particulares.
El descubrimiento de esta práctica comenzó en junio
de 1987. Declaraciones de un ex agente de la División de Inteligencia
de la Policía motivó la develación de uno de los actos más nefastos en
la historia de Puerto Rico y que consecutivamente había sido avalado por
todos los gobiernos que ostentaron el timón del gobierno. De hecho, fueron
primero los independentistas, en especial a través del semanario Claridad,
quienes por años denunciaron estas actividades represivas, pero nadie
tomaba como ciertas esas acusaciones.
El tiempo les dio la razón.
Vale recordar que en septiembre de 1987 el Superintendente
de la Policía de entonces [Carlos López Feliciano] notificó al Tribunal
Superior la existencia de un total de 16,557 carpetas individuales y no
individuales con un total de 19,428 volúmenes (o sea, que muchas carpetas
tenían varios volúmenes); y del 35,188 tarjetas o referencias o clasificaciones
en el “Tarjetero Central”.
Fraticelli dijo que el tarjetero central fue crucial
pues "a11í se iniciaba el proceso de identificación y seguimiento
y fichaje continuo" a personas, organizaciones y entidades "que
no favorecían el gobierno establecido". Indicó que de esas 135,188
tarjetas, unas 74,500 pertenecían a individuos y 60,700 a agrupaciones
o actividades "clasificadas", como lo son las conmemoraciones
del Grito de Lares, la invasión de los estadounidenses por Guánica, y
protestas laborales y estudiantiles, entre otros.
Durante buena parte del siglo XX la Policía y otras
agencias confeccionaron expedientes de personas "calificadas por
la Policía como de naturaleza subversiva, comunista, socialista, sindicalista
y religiosa". La misma suerte corrían personas que participaban en
marchas, piquetes, caravanas, recibimientos o despedidas en aeropuertos,
motives, protestas estudiantiles, reuniones y asistencia a funerales de
simpatizantes políticos, según resumieron los comisionados judiciales,
Abrahán Díaz González y Angel Manual Martín. Ambos fueron designados por
el Tribunal Superior pares supervisar la devolución de los documentos
en agosto de 1989.
El número de personas y organizaciones que fueron
objeto de acusaciones anónimas y persecuciones, incluyó todo el espectro
de nuestra sociedad: representantes y senadores, ejecutivos gubernamentales,
fiscales, jueces, líderes religiosos y obreros, profesores universitarios,
artistas, artesanos, médicos, abogados, maestros, estudiantes y periodistas.
La labor del Centro era notificar a cada una de estas
personas fichadas pares que fueran a recoger sus expedientes. Sin embargo,
"no logramos entregar todas a pesar de que hicimos lo imposible para
ello", reveló Fraticelli.
Ni siquiera las miles de cartas certificadas ni los
cientos de edictos ni la publicidad que por cuatro años se publicaron
en los periódicos surtieron el efecto deseado. Unos siete mil afectados
se quedaron sin recibir sus carpetas.
La Directora Ejecutiva del Centro informó que entregaron
un total de 6,608 carpetas de la Policía y 952 de los expedientes del
Negociado de Investigaciones Especiales. También se entregaron 24,056
tarjetas del tarjetero central. No obstante, para Fraticelli lo más significafivo
fue que de un total de cuatro millones de folios (memorandos) que hizo
la Policía de Puerto Rico, sólo se pudo entregar 1,327,592 folios.
Fraticelli fue contratada por un año pero se quedó
por cuatro. El Tribunal estableció e130 de junio de 1993 como plazo pares
la entrega de documentos y aún así miles no fueron reclamados.
Uno de los problemas básicos que confrontó el Centro
fue integrar todos los documentos que pudieran pertenecer a una misma
persona y luego autenticarlos. El trabajo fue arduo porque, según explicó
Fraticelli, la Policía anotaba mocha información errónea. Todo documento
que se entregó estaba sujeto al escrutinio judicial. Incongruencias entre
los nombres y apellidos, seguro social, número de licencia, y dirección,
fueron sólo algunos obstáculos con que se enfrentaron los 26 trabajadores
que por intervalos laboraron en el Centro.
Fraticelli, expuso dos razones adicionales por las
cuales no se pudo entregar todas las carpetas: dejadez mezclado con miedo
de los que prefirieron no buscar sus expedientes, después de haberlos
solicitado; y, desconocimiento de siquiera poseer una carpeta.

La profesora de Derecho admite que todavía recite
llamadas de personas que le preguntan cómo pueden obtener sus carpetas,
“ya sea porque recién se enteraron, porque sus nombres están en
los documentos de un amigo, o porque es sólo ahora que sospechan que pudieron
haber sido objeto de la venganza del estado”.
"En este momento no se puede hacer nada",
lamentó. El remanente de los documentos está guardado en el Archivo Confidencial
de la Rama Judicial, donde permanecerán fuera del escrutinio público bastes
el 2003. Todas las listas que se utilizaron pares localizar gente fueron
destruidas ante el tribunal que estaba representado por los comisionados
judiciales, los abogados del estado y los de los demandantes. Sólo hay
una lista oficial, la que dio la Policía, cuya información revela únicamente
el nombre y el número de la carpeta. Ésa está custodiada en una caja fuerte
bajo la jurisdicción del tribunal. Fraticelli, explicó que mantuvieron
esa lista como una hoja de control en la eventualidad de que en algún
momento se reabra el procedimiento.
Fraticelli no teme que alguien trate de tergiversar
lo que se descubrió pues "hay cosas que nadie puede alterar".
Sin embargo, emplazó a "los historiadores responsables" para
que hagan un análisis serio y profundo de lo que pasó, pues están todas
las carpetas como constancia de lo que ocurrió durante cuatro o cinco
décadas de nuestra histories bajo todos los gobiernos.
El Informe final de la Directora Ejecutiva cites a
los comisionados judiciales quienes indican que "el conjunto de la
documentación no reclamada tiene valor histórico. Demuestra la dimensión
de la actividad ilícita (...) y es evidencia de la práctica realizada
por el estado contra sus ciudadanos. La conservación de los documentos
es importante pares la comprensión del desarrollo político y sociológico
de Puerto Rico (...) date servir como acto de contrición pares evitar
la repetición por el Estado de estas violaciones de los derechos constitucionales".
Fraticelli se mostró escéptica de que el gobierno
vuelva a implantar estas prácticas.
"A mí me parece que la sociedad puertorriqueña
demostró una gran tolerancia al descubrirse el proceso y una gran comprensión,
al señalar que no se reaccionó con violencia ni con venganza en contra
de los agresores. "Los perseguidos y no perseguidos aprendimos muchas
lecciones pero la mayor de todas fue calibrar el significado de la tolerancia
y la disidencia".
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Foto Migdalia Fraticelli por José Reyes García, Diálogo
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