Senador Manuel Rodríguez Orellana solicita que el Senado de Puerto Rico investigue carpeteo por parte de los federales
FUNDAMENTOS DEL VOTO A FAVOR DE LA R DEL S 3063
Senador Manuel Rodríguez Orellana
Portavoz Partido Independentista Puertorriqueño
14 de marzo de 2000
Durante al menos medio siglo, el gobierno de Puerto Rico cultivó la práctica de recopilar y almacenar información sobre los individuos, grupos y organizaciones vinculados con el movimiento independentista. Las resultantes carpetas alimentadas frecuentemente con datos obtenidos a través de informantes a menudo engañados, intimidados o coaccionados se utilizaron para privar a miles de independentistas de oportunidades de empleo y estudio, y aun para justificar acciones tales como arrestos ilegales. La criminalización del independentismo por parte de los partidos que se han alternado en el poder estigmatizó a muchos buenos puertorriqueños y puertorriqueñas, causando daños que van más allá de lo que es posible contabilizar o subsanar.
A través de la Orden Ejecutiva Núm. 99-62 del 14 diciembre de 1999, el Gobernador Pedro Rosselló, a nombre del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, admitió que la preparación de expedientes por la sola razón de identificación con una ideología constituía una práctica corrupta y bochornosa. En esa misma orden se provee un mecanismo para compensar a un sector limitado de las personas afectadas por cinco décadas de carpeteo.
La preparación de expedientes de independentistas, sin embargo, no ha sido una tarea emprendida exclusivamente por las autoridades del gobierno de Puerto Rico. Un memorando con fecha del 9 de mayo de 1978 dirigido a un alto funcionario del gobierno de Estados Unidos del Consejo Doméstico de la Casa Blanca revela que el Negociado Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) llevó a cabo cuando menos durante la década de 1960 una vigorosa campaña en contra de organizaciones independentistas. Dicha campaña incluía, desde el reclutamiento de informantes para documentar la vida privada de los alegados subversivos, hasta la propagación de falsedades a través de la prensa. Se revela además la interferencia del FBI con procesos plebiscitarios y electorales.
Este documento ya ha salido a la luz pública, y contiene apenas una somera relación de lo encontrado en cerca de una docena de volúmenes compilados por el FBI en torno a la vigilancia e investigación de independentistas en Puerto Rico. De acuerdo al memorando, mucha de la información en los documentos autorizados para ser examinados ha sido tachada, y se sospecha que todavía existen documentos adicionales que permanecen ocultos y que prueban todavía mayor intervención del FBI en actividades diseñadas para socavar los intentos de autodeterminación de Puerto Rico. Más aún, el memorando confirma las referencias encontradas en carpetas preparadas por la policía de Puerto Rico, en las que se hace alusión a información obtenida del FBI.
La existencia de un sistema federal de carpetas contra puertorriqueños por causa de su ideología fue admitida por Marlene Hunter, agente especial del FBI actualmente a cargo de Puerto Rico y el Caribe, en declaraciones a un periódico de la capital. A esto se suman los señalamientos, en el mismo artículo, del Superintendente de la Policía, Pedro Toledo, sobre el intercambio de información entre el FBI y la Policía de Puerto Rico.
La erradicación de la nefasta práctica del carpeteo, y el proceso de admisión y rectificación no pueden estar completos sin la inclusión de los evidentes cómplices e instigadores históricos: las autoridades federales. El gobierno de Puerto Rico ha dado un primer paso al admitir su responsabilidad y al pedir disculpas a las víctimas de tan deplorables acciones gubernamentales.
Si bien no tenemos la facultad jurídica para citar so pena de desacato a funcionarios federales, o el poder en ley para exigir que provean legibles y sin adulterar los documentos que evidencian décadas de persecución a aquellos puertorriqueños y puertorriqueñas cuyo único delito ha sido luchar por los mismos ideales de libertad e igualdad que una vez guiaron al pueblo norteamericano, nos sobra la autoridad moral para requerirles que ante los funcionarios electos de nuestro pueblo, comparezcan a revelar cómo, en conjunto con autoridades locales, se dedicaron a interferir con el derecho de un país a su libre determinación e independencia.
La persecución política siempre obra en claro menosprecio de los derechos humanos. En Puerto Rico ha causado daños a los independentistas y a la dignidad del Pueblo. Hay que darle la oportunidad al gobierno de Estados Unidos para que imite con un gesto de buena voluntad el proceso de sanación social iniciado por el gobierno de Puerto Rico y demuestre un mínimo de respeto y decoro ante la comunidad internacional.
Corresponde al Senado de Puerto Rico, según se ha hecho en el ámbito gubernamental, asumir la tarea justa y necesaria de investigar, indagar y documentar la participación del FBI y de cualquier otra agencia del gobierno de los Estados Unidos con las agencias de inteligencia del gobierno de Puerto Rico en la preparación de expedientes a puertorriqueños por razón de sus vínculos con los movimientos que persiguen la descolonización de nuestra patria.
De la misma manera que en el ocaso del pasado milenio se inició ese tan necesitado proceso de rectificación entre los nuestros, urge que en los albores de un nuevo siglo enfrentemos la parte de la historia que aún resta por develar.